Día Internacional del Trabajo Doméstico

22 de julio, Día Internacional del Trabajo Doméstico: un trabajo invisible

Introducción

El 22 de julio se conmemora el Día Internacional del Trabajo Doméstico, una fecha que busca visibilizar y reconocer una de las labores más esenciales y, al mismo tiempo, más invisibilizadas de nuestras sociedades: el trabajo que se realiza en los hogares, ya sea para mantenerlos en funcionamiento, para cuidar de otras personas o para sostener la vida cotidiana. Este trabajo, en muchas ocasiones, permanece oculto a los ojos de la economía formal, no recibe un salario justo e incluso no es considerado un empleo digno, a pesar de que sin él ninguna otra actividad económica ni social podría llevarse a cabo.

El trabajo doméstico incluye tareas tan diversas como la limpieza, la cocina, el cuidado de niñas y niños, de personas mayores, de personas con discapacidad o en situación de dependencia, la gestión del hogar o el acompañamiento. Se trata de actividades imprescindibles para el bienestar de las personas y para el funcionamiento de la economía y la sociedad en su conjunto. Sin embargo, a menudo son vistas como “obligaciones naturales” de las mujeres, lo que contribuye a su escasa valoración social y económica.

Este tipo de trabajo tiene un marcado carácter feminizado: en todo el mundo, son las mujeres —y, dentro de ellas, en gran parte mujeres migrantes y en situaciones de vulnerabilidad— quienes se ocupan de estas tareas. Ya sea en el ámbito de sus propios hogares o como trabajadoras contratadas en casa ajena, millones de mujeres sostienen la vida de otras personas sin que su trabajo reciba el reconocimiento ni la protección que merece. Además, una parte significativa de estas trabajadoras lo hace sin contrato, sin derechos laborales básicos y en condiciones de precariedad e incluso de explotación.

El Día Internacional del Trabajo Doméstico, instaurado para recordar estas realidades, es una oportunidad para reflexionar sobre el valor de este trabajo, sobre los derechos de quienes lo desempeñan y sobre los cambios sociales y políticos que aún son necesarios para alcanzar una verdadera igualdad. Esta efeméride nos interpela no solo como individuos, sino como sociedad, recordándonos que el trabajo doméstico es un pilar fundamental que sostiene la vida y el bienestar de todas las personas.

En esta entrada queremos profundizar en la historia del Día Internacional del Trabajo Doméstico, en las características y realidades del trabajo doméstico, en su impacto social y económico y en los avances y retos pendientes. A través de esta reflexión, buscamos contribuir a la sensibilización social y al compromiso colectivo para que el trabajo doméstico deje de ser invisible y precarizado. Porque reconocerlo, valorarlo y proteger los derechos de quienes lo realizan es una cuestión de justicia social.

Breve historia del Día Internacional del Trabajo Doméstico

El Día Internacional del Trabajo Doméstico se celebra cada 22 de julio como una jornada dedicada a reconocer y visibilizar el trabajo que millones de personas —en su mayoría mujeres— realizan en los hogares. Este Día Internacional del Trabajo Doméstico tiene su origen en los movimientos sociales y sindicales que, desde hace décadas, luchan por el reconocimiento de los derechos laborales de las trabajadoras domésticas, por la regularización de sus condiciones de empleo y por el fin de la discriminación que tradicionalmente ha rodeado a esta ocupación.

El Día Internacional del Trabajo Doméstico fue instaurado oficialmente en 1983 por la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar (hoy Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar – FITH), una organización que agrupa a sindicatos y asociaciones de trabajadoras domésticas de diversos países. Esta efeméride nació como una manera de visibilizar las múltiples formas de explotación y desprotección que sufrían las trabajadoras del hogar, así como para reclamar su inclusión plena en los marcos legales y laborales de los distintos Estados.

La fecha elegida para el Día Internacional del Trabajo Doméstico recuerda el Congreso de la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar que se celebró el 22 de julio de 1983 en Bogotá, Colombia. En aquel encuentro histórico, se establecieron las bases de una agenda internacional de lucha por los derechos de quienes desempeñan este tipo de trabajo. Desde entonces, cada 22 de julio, Día Internacional del Trabajo Doméstico, es un momento para hacer memoria, para reflexionar sobre los avances logrados y para poner de relieve las múltiples desigualdades que persisten.

Día Internacional del Trabajo Doméstico

A lo largo de los años, el Día Internacional del Trabajo Doméstico ha sido una herramienta clave para que las organizaciones de la sociedad civil, los sindicatos y los movimientos feministas coloquen en el centro del debate público las condiciones de vida y de trabajo de las trabajadoras del hogar. Gracias a esta visibilización, se han impulsado importantes cambios normativos en muchos países, aunque la precariedad y la falta de derechos siguen siendo una realidad generalizada.

Uno de los hitos más destacados en la historia del Día Internacional del Trabajo Doméstico y de la lucha de las trabajadoras del hogar fue la adopción del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 2011. Este convenio, conocido como el Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, supuso un gran paso al reconocer oficialmente que el trabajo doméstico debe gozar de los mismos derechos laborales que cualquier otra forma de empleo. El Día Internacional del Trabajo Doméstico se ha convertido en un momento clave para exigir a los gobiernos la ratificación y aplicación efectiva de este convenio.

En el caso de España, el Día Internacional del Trabajo Doméstico también ha servido como punto de partida para el debate sobre la necesidad de mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras del hogar. Aunque en los últimos años se han producido avances, como la inclusión en el régimen general de la Seguridad Social o la eliminación progresiva de las diferencias con otros sectores laborales, aún persisten importantes brechas en cuanto a derechos y protección social que ponen de relieve la importancia del Día Internacional del Trabajo Doméstico.

Año tras año, el Día Internacional del Trabajo Doméstico nos recuerda que el trabajo doméstico es un pilar esencial de la vida y del bienestar colectivo, y que su desvalorización es una muestra más de las desigualdades de género y clase que atraviesan nuestras sociedades. Esta jornada es un llamado a la acción para gobiernos, instituciones y ciudadanía, para que el trabajo doméstico sea finalmente reconocido como un trabajo digno, con los mismos derechos y garantías que cualquier otro.

En definitiva, el Día Internacional del Trabajo Doméstico es mucho más que una fecha en el calendario: es una reivindicación viva de justicia social, igualdad y dignidad para millones de trabajadoras en todo el mundo.

El trabajo doméstico: definición y realidades

Cuando hablamos el Día Internacional del Trabajo Doméstico del trabajo doméstico, nos referimos al conjunto de actividades realizadas en los hogares, destinadas a satisfacer las necesidades básicas de sus integrantes y a garantizar el bienestar y el cuidado diario. Estas tareas comprenden la limpieza de la vivienda, la preparación de alimentos, el lavado y planchado de ropa, el cuidado de niñas y niños, la atención a personas mayores o dependientes, la compra de alimentos y productos básicos, así como la gestión general del hogar.

El Día Internacional del Trabajo Doméstico nos invita a reflexionar sobre estas tareas, muchas veces consideradas “naturales” o inherentes al rol de las mujeres, pero que en realidad constituyen un trabajo imprescindible, que sostiene la vida y permite el funcionamiento de la economía y de la sociedad en su conjunto. Sin el trabajo doméstico, remunerado o no, ninguna otra actividad económica podría desarrollarse con normalidad.

Es importante en este Día Internacional del Trabajo Doméstico distinguir entre el trabajo doméstico remunerado y el no remunerado. El trabajo doméstico no remunerado es el que millones de personas —principalmente mujeres— realizan dentro de sus propios hogares, sin que medie un salario, por el simple hecho de responder a las exigencias de la vida familiar y comunitaria. Este trabajo, invisibilizado y naturalizado, constituye un aporte esencial a la economía, aunque rara vez se contabiliza en las estadísticas oficiales.

Por otro lado, el trabajo doméstico remunerado es aquel que realizan personas contratadas para desarrollar estas mismas tareas en hogares ajenos. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 75 millones de personas que trabajan en este sector, y cerca del 80 % son mujeres. En España, según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), hay alrededor de 550.000 personas que trabajan en el servicio doméstico, de las cuales una gran parte son mujeres y, dentro de este grupo, muchas son migrantes.

El Día Internacional del Trabajo Doméstico nos recuerda que, tanto el trabajo doméstico no remunerado como el remunerado, sufren de una desvalorización sistemática. Esto se traduce en condiciones de trabajo marcadas por la precariedad, la informalidad y, en muchos casos, la explotación. Las trabajadoras domésticas remuneradas suelen tener salarios bajos, jornadas largas y, en demasiadas ocasiones, carecen de contrato, cotización a la Seguridad Social o acceso a derechos laborales básicos como el paro, la baja por enfermedad o el derecho a una pensión digna.

Además, otra reivindicación del Día Internacional del Trabajo Doméstico tiene que ver con el hecho de que el trabajo doméstico remunerado se caracteriza por una alta segregación de género y de origen étnico. La feminización extrema de este sector responde a patrones históricos y culturales que asocian estas tareas al rol tradicional asignado a las mujeres. En el caso de España y de muchos otros países, las trabajadoras domésticas son, en gran medida, mujeres migrantes, muchas de las cuales enfrentan una doble vulnerabilidad: por su condición de trabajadoras y por su situación administrativa, en ocasiones irregular.

Por tanto, el Día Internacional del Trabajo Doméstico no solo es una jornada de conmemoración, sino también una invitación a mirar de frente una realidad que sigue siendo incómoda para muchos sectores de la sociedad. Un recordatorio de que el bienestar colectivo se construye sobre el trabajo, a menudo invisible, de millones de mujeres que sostienen el día a día de hogares, comunidades y países.

Un trabajo feminizado, precarizado y, a menudo, sin derechos

El Día Internacional del Trabajo Doméstico es, cada año, una llamada de atención sobre las condiciones de vida y laborales de quienes sostienen los hogares ajenos a través de su trabajo. Este Día Internacional del Trabajo Doméstico visibiliza cómo el trabajo doméstico remunerado es, en todo el mundo, un empleo profundamente feminizado, marcado por la precariedad y por la falta de derechos básicos.

En España, según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de la Seguridad Social, en torno al 95 % de las personas que trabajan en el sector doméstico son mujeres. Este dato refleja de forma contundente hasta qué punto el trabajo doméstico está vinculado a los estereotipos de género y al reparto desigual de las responsabilidades de cuidado y mantenimiento de los hogares. El Día Internacional del Trabajo Doméstico sirve para recordar que, a pesar de los avances en igualdad formal, persisten estructuras sociales que asignan a las mujeres, y especialmente a las mujeres de menores recursos o migrantes, las tareas menos valoradas y peor remuneradas.

Esta feminización no es un fenómeno casual. Responde a un modelo social y económico en el que el patriarcado ha situado a las mujeres como responsables naturales del cuidado y del trabajo doméstico. Las mismas razones que explican por qué las mujeres asumen mayoritariamente el trabajo no remunerado en sus hogares explican también por qué el trabajo doméstico remunerado ha sido una salida laboral para muchas de ellas, especialmente cuando otras puertas del mercado laboral permanecían cerradas o eran inaccesibles. El Día Internacional del Trabajo Doméstico es un momento idóneo para analizar cómo estas desigualdades se mantienen y cómo impactan en la vida de millones de mujeres.

La precariedad es una de las señas de identidad del sector. Aunque se han dado algunos avances normativos, como la inclusión en el régimen general de la Seguridad Social, el trabajo doméstico sigue siendo uno de los sectores más frágiles en cuanto a derechos. Muchas trabajadoras lo ejercen sin contrato, lo que las deja fuera del sistema de protección social. Otras tienen contratos con jornadas parciales ficticias, que no reflejan las horas reales trabajadas, o sufren despidos sin indemnización ni justificación. El Día Internacional del Trabajo Doméstico denuncia cada año estas situaciones de abuso y reclama que se actúe para ponerles fin.

Trabajo Doméstico

Un elemento que agrava esta precariedad y que esta presente en las reivindicaciones de este Día Internacional del Trabajo Doméstico, es la alta presencia de mujeres migrantes en el trabajo doméstico remunerado. En España, una parte significativa de las trabajadoras del hogar son mujeres que han llegado desde América Latina, Europa del Este, África o Asia en busca de mejores oportunidades. Sin embargo, a menudo se encuentran atrapadas en trabajos mal remunerados, sin derechos, y en algunos casos, en situaciones cercanas a la explotación laboral. El Día Internacional del Trabajo Doméstico da voz a estas mujeres, que con frecuencia tienen que aceptar condiciones injustas por la necesidad de enviar remesas a sus familias o por la falta de alternativas.

Además, muchas trabajadoras internas —aquellas que residen en la vivienda donde trabajan— se enfrentan a jornadas interminables, falta de descansos y una absoluta dependencia de la persona empleadora. El Día Internacional del Trabajo Doméstico subraya la urgencia de regular de manera efectiva estas relaciones laborales para evitar que se vulneren los derechos humanos más básicos.

La falta de inspección laboral suficiente en este sector es otra de las causas que permiten que estas situaciones se perpetúen. El Día Internacional del Trabajo Doméstico nos recuerda que sin un compromiso firme de los poderes públicos para garantizar el cumplimiento de la ley, los avances normativos quedan en papel mojado. Es imprescindible que se refuercen los mecanismos de control y que se promueva la regularización de todas las trabajadoras del hogar, para que ningún empleo doméstico quede al margen de la ley.

Pero la precarización del trabajo doméstico no solo es un problema para quienes lo desempeñan. El Día Internacional del Trabajo Doméstico nos invita a reflexionar sobre cómo esta situación perpetúa las desigualdades de género en el conjunto de la sociedad. La desvalorización del trabajo doméstico alimenta la idea de que las tareas de cuidado y de mantenimiento del hogar son secundarias, invisibles y, por tanto, poco importantes. Esto tiene un efecto directo sobre la corresponsabilidad en los hogares, sobre las oportunidades laborales de las mujeres y sobre la reproducción de los estereotipos de género.

Por todo ello, el Día Internacional del Trabajo Doméstico es una fecha clave para denunciar esta precarización estructural y para exigir que el trabajo doméstico sea tratado como lo que es: un trabajo esencial, que debe ser digno y con plenos derechos. Reconocer el valor social y económico del trabajo doméstico es el primer paso para dignificarlo y para construir una sociedad más justa e igualitaria.

Impactos sociales y económicos de la invisibilidad del trabajo doméstico

El Día Internacional del Trabajo Doméstico nos invita a reflexionar sobre las consecuencias profundas que tiene para la sociedad y la economía la invisibilización de este trabajo fundamental. Cuando el trabajo doméstico no es reconocido ni valorado adecuadamente, se generan impactos que afectan tanto a las personas que lo realizan como al conjunto de la comunidad.

En primer lugar, la invisibilidad del trabajo doméstico contribuye a la perpetuación de las desigualdades de género. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2022), las mujeres realizan el 76,2 % del trabajo de cuidados no remunerado a nivel mundial, incluyendo las tareas domésticas. Esta sobrecarga limita sus oportunidades de desarrollo personal y profesional, afectando directamente la brecha salarial, que en España ronda el 23 % según el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2023). Además, el 41 % de las mujeres en España afirma que la carga doméstica y de cuidados les impide acceder a un empleo a tiempo completo (Fundación 1º de Mayo, 2021).

Además, esta invisibilidad económica y social tiene un impacto directo en las políticas públicas. El trabajo doméstico no remunerado no se contabiliza en el Producto Interior Bruto (PIB) oficial de los países, lo que dificulta que se diseñen políticas públicas adecuadas para proteger a quienes realizan estas labores. La OIT estima que, si se valorara económicamente el trabajo doméstico no remunerado, representaría aproximadamente el 10 % del PIB global (OIT, 2018).

Esta ausencia de reconocimiento contribuye a que muchas trabajadoras domésticas carezcan de cobertura sanitaria, jubilación digna o prestaciones por desempleo. En España, el 60 % de las trabajadoras domésticas no cuenta con un contrato formal que garantice su acceso a la Seguridad Social (Ministerio de Trabajo y Economía Social, 2023), una de las principales reivindicaciones de este Día Internacional del Trabajo Doméstico.

La precarización del trabajo doméstico también tiene consecuencias económicas más amplias. El sector genera un alto porcentaje de economía sumergida. Según el Informe “Trabajo Doméstico en la Economía Informal” de la OIT (2020), alrededor del 60 % del trabajo doméstico remunerado a nivel mundial se realiza en condiciones informales, sin contratos ni protección social. Esto reduce la recaudación fiscal y debilita la financiación de servicios públicos esenciales, afectando la estabilidad del sistema de bienestar.

El Día Internacional del Trabajo Doméstico subraya la importancia de reconocer y valorar este trabajo como una inversión social y económica. Mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras domésticas no solo es una cuestión de justicia, sino que también contribuye al desarrollo sostenible, a la igualdad de género y a la cohesión social. Estudios realizados por ONU Mujeres muestran que invertir en el trabajo de cuidados puede generar un crecimiento económico inclusivo y sostenible (ONU Mujeres, 2020) y esto se quiere poner de manifiesto en este Día Internacional del Trabajo Doméstico.

La invisibilidad del trabajo doméstico también tiene un coste emocional y psicológico para las trabajadoras. La falta de reconocimiento y respeto puede generar sentimientos de aislamiento, baja autoestima y estrés, lo que afecta su salud y bienestar general. Según un estudio de la Fundación Mujeres (2022), el 35 % de las trabajadoras domésticas reportan síntomas de ansiedad y depresión asociados a las condiciones precarias y a la falta de apoyo social.

Por todo ello, este Día Internacional del Trabajo Doméstico, visibilizar el trabajo doméstico es fundamental para construir sociedades más justas y equitativas, donde el cuidado y el bienestar de todas las personas sean una prioridad.

Avances y retos pendientes

El Día Internacional del Trabajo Doméstico no solo es una ocasión para visibilizar las dificultades y precariedades que enfrentan las trabajadoras del hogar, sino también para reconocer los avances que se han logrado en materia de derechos laborales y protección social, así como para señalar los retos que aún persisten.

Uno de los hitos más importantes a nivel internacional fue la adopción del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 2011, que estableció por primera vez un marco jurídico para proteger los derechos de las trabajadoras y trabajadores domésticos. Este convenio reconoce que el trabajo doméstico debe contar con los mismos derechos y protecciones que cualquier otro empleo, incluyendo la jornada laboral, el derecho a la seguridad social, el salario mínimo y la protección contra el acoso y la discriminación.

A nivel global, varios países han avanzado en la ratificación y aplicación de este convenio. España ratificó el Convenio 189 en 2012 y ha ido incorporando mejoras en la legislación laboral que afectan al sector doméstico, como la inclusión en el régimen general de la Seguridad Social y la regulación más estricta sobre las condiciones de contratación. Sin embargo, estas reformas aún no garantizan la plena equiparación de derechos ni la eliminación total de la precariedad.

Entre los avances concretos se encuentran también la mejora en la formalización del empleo doméstico. Según datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social de España (2023), en los últimos cinco años ha aumentado el número de contratos registrados en el sector doméstico, aunque todavía persiste una elevada tasa de empleo informal.

No obstante, el Día Internacional del Trabajo Doméstico pone de relieve los retos pendientes: la falta de inspección laboral efectiva, la ausencia de mecanismos suficientes para garantizar el cumplimiento de la normativa, la necesidad de formación y sensibilización tanto para empleadores como para trabajadoras, y la dificultad para erradicar el trabajo sin contrato y las jornadas parciales ficticias.

Además, el Día Internacional del Trabajo Doméstico establece como imprescindible avanzar en la corresponsabilidad en los hogares, para que el trabajo doméstico y de cuidados no recaiga exclusivamente en las mujeres, reduciendo así la doble jornada laboral y mejorando la calidad de vida. Este aspecto es clave para lograr una igualdad real y duradera.

Existen también iniciativas y buenas prácticas que pueden servir de modelo para avanzar en este sentido. Países como Uruguay, Argentina o Portugal han implementado políticas específicas para mejorar las condiciones del trabajo doméstico, combinando medidas legales, campañas de sensibilización y programas de formación.

En resumen, el Día Internacional del Trabajo Doméstico es un momento para celebrar los avances logrados, pero también para renovar el compromiso con la justicia social y la igualdad, trabajando para que todas las personas que realizan trabajo doméstico puedan hacerlo en condiciones dignas y con plenos derechos.

¿Qué podemos hacer como sociedad?

El Día Internacional del Trabajo Doméstico nos invita a reflexionar no solo sobre la situación actual del trabajo doméstico, sino también sobre las acciones que podemos emprender, tanto a nivel individual como colectivo, para transformar esta realidad. Reconocer y valorar el trabajo doméstico es un primer paso imprescindible, pero también es fundamental promover cambios estructurales que garanticen la dignidad, los derechos y la igualdad para quienes realizan estas tareas esenciales.

Una de las medidas más importantes del Día Internacional del Trabajo Doméstico es la visibilización del trabajo doméstico. Esto implica romper con los estereotipos que lo reducen a una “obligación natural” de las mujeres y reconocer su valor económico, social y cultural. La educación y las campañas de sensibilización pueden contribuir a cambiar las actitudes y a fomentar la corresponsabilidad en los hogares, promoviendo que hombres y mujeres compartan equitativamente las tareas domésticas y de cuidados.

En el ámbito de las políticas públicas, es fundamental exigir la aprobación, ratificación y aplicación efectiva de normas como el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), así como implementar mecanismos de inspección y control que aseguren el cumplimiento de los derechos laborales de las trabajadoras del hogar. Además, es necesario ampliar la cobertura de la protección social, garantizando acceso a la seguridad social, la salud, la jubilación y otros beneficios.

Otra acción clave es la formalización del empleo doméstico, promoviendo la contratación legal y condiciones laborales justas, así como facilitando el acceso a la formación profesional para mejorar las condiciones y el desarrollo de las trabajadoras del sector. La sensibilización de los empleadores es vital para fomentar relaciones laborales basadas en el respeto y la igualdad.

A nivel comunitario y organizativo, es importante apoyar a los sindicatos y asociaciones de trabajadoras del hogar, que juegan un papel fundamental en la defensa de sus derechos y en la promoción de mejores condiciones laborales. La participación social y política de estas trabajadoras debe ser fomentada para que puedan influir en las políticas públicas que afectan sus vidas.

Un ejemplo destacado de iniciativa social es la Campaña “Trabajo Decente para las Trabajadoras del Hogar” impulsada por la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar (FITH). Esta campaña ha logrado visibilizar internacionalmente la precariedad del sector, promover la ratificación del Convenio 189 en numerosos países y ofrecer formación y apoyo a las trabajadoras para fortalecer su organización y defensa de derechos. La fuerza de esta campaña radica en su carácter global y en la unión de múltiples colectivos que luchan por la dignidad y justicia en el trabajo doméstico.

En definitiva, el Día Internacional del Trabajo Doméstico es una llamada a la acción para que todas las personas, organizaciones e instituciones se comprometan con la transformación social que haga visible, digno y justo el trabajo doméstico. Solo así podremos construir sociedades más equitativas, donde el cuidado y el bienestar de todas las personas sean una prioridad compartida.

Llamada a la acción: sensibilización y formación

El Día Internacional del Trabajo Doméstico es también un momento para reflexionar sobre el papel que pueden desempeñar las organizaciones, tanto públicas como privadas, en la promoción de la igualdad y la dignificación del trabajo doméstico. Sensibilizar a la sociedad y formar a empleadores, trabajadoras y agentes sociales es clave para avanzar hacia un modelo justo y equitativo.

En España, diversas organizaciones han implementado iniciativas ejemplares que contribuyen a mejorar las condiciones laborales y sociales de las trabajadoras del hogar. Un ejemplo destacado es el Sindicato de Trabajadoras del Hogar y de Cuidados (STH), que desde su creación ha luchado por la defensa de derechos laborales, la regularización de empleos y la formación profesional de las trabajadoras. Su labor incluye campañas de sensibilización para romper estereotipos de género y promover la corresponsabilidad en los hogares.

Otra iniciativa relevante es la Asociación de Mujeres Migrantes Diversas (AMUDES), que trabaja específicamente con mujeres migrantes empleadas en el trabajo doméstico, ofreciéndoles asesoría legal, formación en derechos laborales y espacios de encuentro para fortalecer su empoderamiento y participación social.

A nivel internacional, la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar (FITH) continúa siendo un referente global en la defensa de las trabajadoras del hogar. Además de su campaña “Trabajo Decente para las Trabajadoras del Hogar”, esta federación impulsa programas de capacitación, aboga por la ratificación de convenios internacionales y fomenta la creación de redes de apoyo entre trabajadoras de distintos países.

En el ámbito público, algunos gobiernos han implementado políticas pioneras. Por ejemplo, en Uruguay, el Estado ha creado programas de formalización del empleo doméstico que incluyen subsidios para empleadores que contratan legalmente, formación gratuita para trabajadoras y campañas de sensibilización dirigidas a la población general. Portugal, por su parte, ha puesto en marcha una tarjeta profesional para trabajadoras del hogar que facilita el acceso a la Seguridad Social y a la formación continua.

En este contexto, la sensibilización y formación se presentan como herramientas estratégicas para transformar la realidad del trabajo doméstico. Por un lado, fomentan el respeto y la corresponsabilidad en los hogares, reduciendo la desigualdad de género. Por otro, preparan a las trabajadoras para mejorar sus condiciones laborales y su desarrollo profesional, empoderándolas para defender sus derechos.

En Aequum Consultoría somos conscientes de la importancia de estas acciones. Por ello, ofrecemos servicios de formación y sensibilización adaptados a organizaciones públicas y privadas que deseen comprometerse con la igualdad y la dignificación del trabajo doméstico. Desde talleres sobre igualdad y corresponsabilidad hasta cursos específicos para empleadores y trabajadoras, acompañamos a las entidades en la construcción de entornos más justos, inclusivos y respetuosos.

Conclusión

El Día Internacional del Trabajo Doméstico es mucho más que una fecha en el calendario; es un recordatorio constante de la importancia vital que tiene el trabajo doméstico en nuestras vidas, en la economía y en la sociedad. Es también una llamada urgente a visibilizar y dignificar a millones de trabajadoras que, a menudo en la sombra, sostienen hogares y comunidades con esfuerzo, dedicación y compromiso.

Reconocer el valor del trabajo doméstico y garantizar derechos plenos a quienes lo realizan es una cuestión de justicia social y de igualdad. Pero también es un paso indispensable para construir sociedades más justas, donde el cuidado y la corresponsabilidad sean compartidos por todas las personas, independientemente de su sexo.

Trabajo de los Cuidados

Desde la concienciación individual hasta la acción colectiva, cada persona puede contribuir a transformar esta realidad. Informarse, cuestionar los estereotipos, exigir políticas públicas justas y promover la igualdad en los hogares son actos que, sumados, generan un cambio profundo y duradero.

En Aequum Consultoría creemos firmemente que el camino hacia la igualdad pasa por reconocer y valorar el trabajo doméstico como el pilar fundamental que es. Por eso, invitamos a organizaciones y entidades a sumarse a esta lucha mediante la formación y sensibilización, para que construyamos un futuro donde el trabajo doméstico sea sinónimo de dignidad, respeto y derechos.

Si tu organización desea avanzar hacia la igualdad y la dignificación del trabajo doméstico, en Aequum Consultoría ofrecemos formación y sensibilización adaptadas a las necesidades de todas las personas involucradas. Nuestros talleres y cursos están diseñados para promover la corresponsabilidad, el respeto y la igualdad en el ámbito doméstico y laboral, involucrando a empleadores y empleadoras, trabajadoras  y equipos técnicos.

Contacta con nuestro equipo para descubrir cómo, de forma conjunta, podemos construir entornos más justos, inclusivos y respetuosos. No pierdas la oportunidad de transformar tu organización y contribuir al cambio social que el Día Internacional del Trabajo Doméstico nos invita a impulsar.

El compromiso con esta causa es responsabilidad de todo el mundo. En este Día Internacional del Trabajo Doméstico, hagamos que la invisibilidad sea historia y que la igualdad sea el presente y el futuro.

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